Clasificación VOX

POR UNA NUEVA CLASIFICACIÓN DE LOS CARACTERES TIPOGRÁFICOS

LA CLASIFICACIÓN «VOX» / MAXIMILIEN VOX – 1954

Un proyecto francés para la clasificación de los caracteres tipográficos.

La rueda gira sin parar. Muy pronto vamos a entrar de lleno en la era de la fotocomposición sin armas ni bagaje. Es decir, vamos a tener que repensar la letra sin antes haberla pensado.

En efecto, no existe ninguna clasificación universal para los caracteres de imprenta y ni siquiera contamos con una clasificación nacional propiamente dicha. El examen de las muestras de fundidores e impresores del mundo entero resulta edificante a este respecto: las publicaciones que han emprendido esta tarea, y que sin duda contienen innumerables tesoros, apenas pueden merecen ser consideradas como catálogos ya que, careciendo de un criterio de clasificación, estas admirables «sumas» se presentan como simples listas enumerativas.

Para entendernos: en la práctica existen dos sistemas de clasificación de la letra industrial, opuestos en cuanto a sus respectivas concepciones, pero idénticos si nos atenemos a sus resultados… que solamente reflejan una parte de la realidad.

El primero es inglés, es decir, a medio camino entre la tradición y el empirismo. Como toda clasificación histórica, da mejor cuenta de los fenómenos antiguos que de los más recientes.

He aquí la clasificación oficial inglesa de los caracteres, tal y como figura en la pequeña obra maestra del gusto y de la ciencia tipográficos editada por los impresores londinenses Balding y Mansell, para uso interno y que, dicho sea de paso, el público les quita de las manos hasta tal punto que ha sido necesario preparar una edición especial para las librerías.

Así pues, en Inglaterra los caracteres se distribuyen del siguiente modo*:

1. Venecianas o verdadero estilo antiguo (sic)
2. Carácter antiguo
3. Estilo antiguo
4. Modernas
5. Palo seco
6. Egipcias
7. Gótica
S. Cursiva
9. Fantasía

Debe entenderse que «moderno», se refiere por ejemplo a Bodoni, incluso a Baskerville, mientras que «estilo antiguo» designa creaciones recientes como la Perpetua de Gill y la Times de Morison.

En cuanto a la excelente Encyclopaedia of Type Paces (Enciclopedia de caracteres) de Berry y Johnson, * pronto depone las armas ante la complejidad del material tipográfico universal y se contenta con una serie de cajones de sastre: «modernos ? romanos del siglo xx ? caligráficos ? titulares ? edición de arte ? palo seco ? palo seco modificados ? caracteres gruesos ? egipcias o antiguas ? caracteres góticos ? letras abiertas ? letras decoradas», etc. Al solaparse y completarse unos con otros, estos términos recuerdan un poco la clasificación que las secretarias principiantes hacen con la correspondencia, al colocarla en carpetas denominadas «cartas de negocios ? cartas urgentes ? cartas en papel de color ? cartas en inglés ? cartas diversas. »

Pero, no nos riamos: aunque la clasificación que se enseña en Francia (más que la que se practica) es mucho más lógica y más inteligible, todavía se aleja más si cabe de la realidad. Es el famoso «Principio de Thibaudeau», que distribuye los caracteres en cuatro grandes «familias» principales, según la terminación de sus capitales.

Sin remates: Antique (palo seco). Remates triangulares: Elzévirs (romanas antiguas). Remates rectilíneos finos: Didots (romanas modernas). Remates rectilíneos gruesos: Égyptiennes (egipcias). Se trata de una clasificación simple, racional, «cartesiana», como dirían los periodistas, y que tan solo tiene un defecto: que ya no se tiene en pie. Resulta cómoda tanto para los alumnos como para los profesores, pero ninguno de los tipos creados en los últimos treinta años encaja en las categorías de Thibaudeau. Ya en la década de 1930, cuando hubo que preparar ese verdadero diccionario que era entonces el catálogo general de Deberny y Peignot, nos vimos obligados a adjuntar una sección especial que, bajo el evasivo título de «Caracteres de estilo», abarcaba en realidad todas las creaciones modernas, desde Auriol hasta Cassandre, pasando por Naudin.

Era imposible catalogar el Peignot, el Jacno, el Banco o el París en ninguna de las «grandes familias», donde ni siquiera tenía cabida el propio Cheltenham. Mientras que el más perfecto de los ejemplares existentes, el de la fundición Arnsterdam, se ve obligado a incluir el Cochin en la categoría de los «didots».

En cuanto a las clasificaciones de corte sentimental, pragmático, Caractére (Navidad) propuso un ejemplo de V.P. Victor Michel, es decir, quiso agrupar los caracteres según lo que le sugerían: fuerza, gracia, nitidez, nobleza, autoridad, elegancia, etc.; éstas sugerencias responden sin duda a una necesidad que surgirá en el futuro, la de crear gamas de expresión para el uso de titulares, es decir, de gran cuerpo.

Estas clasificaciones no podrían llegar a constituir un sistema básico, concebido sobre el modelo biológico, que debe tener en cuenta el conjunto de las características distintivas de cada sujeto para asignarle su lugar dentro de la clasificación tipográfica general.

Creo haber encontrado el principio de semejante sistema, precisamente en función de una evidencia de orden biológico de la cual los tipógrafos no parecen haber extraído todas las consecuencias: que todos los seres vivos tienen dos padres.

Un carácter requiere ser considerado según las leyes hereditarias: árbol genealógico, pedigrí oficial, ilegitimidades, sorpresas geniales o degeneraciones causadas por la endogamia.

(Ladillo: * Qué decir de Kombinette, Satanik Splendid Grotesk o Parisienne alargada.)

La clasificación que nos permitimos proponer aquí responde a estos datos. Como podrán verse, tiene a su favor una cualidad primordial: el hecho de poder dar respuesta a todo. Con el sistema que expondremos a continuación, todo carácter está ordenado en su lugar exacto y recibe su carta de identidad.

Decir clasificación es decir terminología. En primer lugar ha sido necesario desbrozar la inextricable maraña de apelaciones, consagradas o improvisadas, que hacía totalmente ininteligible cualquier intento de confrontación.

Hasta tal punto que casi ninguna de las denominaciones habituales nos es de utilidad. La letra que nosotros denominamos antique se llama gothic en América, sans?serif en Inglaterra y grotesk en Alemania, mientras que lo que nosotros conocemos como letra de palo, en inglés es una egipcia y en alemán una romana. Los términos genéricos, como clásico, moderno o romano, se ven irremediablemente comprometidos en esa torre de Babel en la que se ha convertido nuestro templo del lenguaje.

Otros términos han sido mal escogidos, resultan inexpresivos: la supuesta «gran familia» de las elzévirs o romanas antiguas termina abarcando las tres cuartas partes de la tipografía, pues comprende todo lo que presenta un remate triangular, incluyendo un doble grueso como el Splimx. Pero sobre todo, con la denominación de los impresores de una época temprana ?los elzevirios holandeses de finales del siglo XVII?, se pretende abarcar los dos siglos anteriores de Jenson, Aldo o Garamond. De forma similar, llamar Didot o Bodoni el estilo del Primer Imperio es dejar injustamente de lado a Italia o a Francia.

Finalmente, las denominaciones* asignada por los fundidores a veces son inexactas y a veces se repiten por falta de un «quién es quién» de la tipografía. Existe un Flash monotipo y un Flash francés; un Florida alemán y una Floride parisina. En ocasiones la identidad cambia de frontera: la Europa es la Futura, la Etoile es el Trafton Script, la Gravure es el Cochin… Sin contar con que los impresores están dispuestos a llamar a lo

que sea del modo que sea, y con el título de «clase Europa» no tienen reparo en componer en Gill, en Metro, en Tempo, en Kabel, en Erbar, etc.

La nueva clasificación deberá, pues, empezar por el vocabulario. Constará de palabras nuevas que evocarán palabras antiguas, de vocablos que evocan sin traducir. Los nombres de las nuevas divisiones deberán ser agradables al oído y a los labios, como las rimas de Racine. La poesía es la madre del lenguaje. Escuchen si no:

… medievales, humanas, garaldas, reales, didonas, simplices, mecanas, incisas, manuales, escriptas

Son bellas palabras, ¿verdad? Vacías de cuerpo como un vestido nuevo que tres veces puesto se convierte en la imagen y el aroma de la vida misma. Fáciles de trasladar a cualquier lengua ?gracias a su raíz latina? sin perder por ello su figura o incluso su sonoridad. Son adjetivos y sustantivos a la vez, gracias a su terminación y a su facilidad de combinación. Pero son también categorías racionales (sin ser abstractas), históricas (sin ser caducas) populares (sin ser vulgares). He aquí su significado y contenido:

 

medievales I. LAS MEDIEVALES.Todo lo que se inspira en la Edad Media: las góticas, la Libra de Amsterdam.
humanas II. LAS HUMANAS. La tradición de las primeras romanas «humanísticas» del siglo xv: Jenson, Veronese, Goudy, Erasmo.
garaldas III: LAS GARALDAS. Es decir, desde Aldo hasta Garamond, el estilo Renacimiento más puro: las Garamond de todo tipo, las Bembo, Centaur, Arrighi, Polyphyle. En moderno, la Astrée, la Vendôme.
Reales IV. LAS REALES. Sección indispensable, confundida hasta ahora con los «eIzevirios» o los «didots». Su denominación proviene del hecho de que encarna la evolución de los siglos monárquicos hacia una letra arquitecturizada, de gruesos sistemáticamente diferenciados. Desde el Grandjean hasta el Baskerville, al Fournier, a los trabajos posdidonianos y, muy cerca de nosotros, el Perpetua de Gill o el Times de Morison. La innovación de esta sección justificaba por sí sola un cambio de la clasificación.
Didonas V. LAS DIDONAS. Contracción de Didot-Bodoni, se trata de una apelación cómoda para una categoría fácil de delimitar: negras y extrafinas.
Simplices VI. LAS SIMPLICES. Fáciles de reconocer, pero hasta ahora difíciles de nombrar debido a la confusión verbal anteriormente señalada. Son las que se denominaban antiques (palo seco).
Mecanas VII. LAS MECANAS. Apelación modernizada para las egipcias.
Incisas VIII. LAS INCISAS. Nueva denominación para las latinas. menospreciadas desde hace treinta años por la tipografía de moda (merecidamente, por su envilecimiento), renacen por sí mismas bajo el utensilio del tallador de madera o del grabador de piedra que pronto sustituirá a las delicadezas del pico de la pluma.
manuales IX. LAS MANUALES. Son los caracteres dibujados: Jacno, Banco, antes Auriol; aquellos en los que la mano marca su intervención
scriptas X. LAS ESCRIPTAS. Todas las «escrituras», desde la inglesa clásica hasta el Scribe y el Mistral.

 

 

 

 

 

 

-¿Y ahora cómo se aplica?

-Pruebe usted mismo con los casos dudosos. Piense en un carácter que hasta ahora había sido imposible definir, como el Peignot de Cassandre, por ejemplo. A todas luces es en primer lugar una simplice (ex-antique), ya que no tiene remates. Señalemos, además, que es una simplice doble, ya que la letra es de dos gruesos, pero ?características secundarias inflida por otra familia en su trazado general: ¿Garalda? ¿Didona? Yo me inclinaría por real. Con intenciones «mayúsculas?minúsculas» que apuntan hacia la Edad Media. Nuestra definición sería pues: «Peignot = doble simplice real con tendencia medieval.»

El (hasta ahora) inclasificable y omnipresente Cheltenham se encuentra su sitio entre las humanas-mecanas. El Vibert, el Bodoni grueso, el Falstaff: didonas negras. El Neon: una simplice alargada. El Corvinus: una didona mecana.

Compruébelo usted mismo. Es un apasionante juego… y fecundo. No es más difícil que aprender a ir en bicicleta. Se convierte en un reflejo, en un impulso natural. Sorprende que este sistema no haya sido descubierto antes. Y, ¡qué valor didáctico! Los tipógrafos franceses que se han agrupado bajo el nombre de Escuela de Lure ya han empezado a utilizar entre ellos este lenguaje tan útil para aclarar las ideas.

El siguiente paso es la nomenclatura accesoria: precisar, internacionalizar, estandarizar la terminología de las características secundarias: apretado, estrecho, alargado, normal, ancho, aplastado; fino, medio, grueso, negro; itálico inclinado o cursiva; blanco, abierto, sombreado… Ciertas fuentes pueden también verse acompañadas por una indicación complementaria del estilo histórico. De este modo, tomando el Garamond Peignot como garalda tipo, los elzevirios 1850 serían garaldos del XIX, la Astrée una garalda del XVII, el Vendôme una garalda moderna (como el Egmont, didona moderna, o el Rockwell, mecana moderna).

Del 22 al 27 de mayo se celebró en el Instituto Gráfico de Estocolmo un seminario al que tuve el honor de ser invitado por el rector Bror Zachrisson, una de las personalidades más eminentes del grafismo internacional.

La nueva clasificación francesa fue objeto de una ponencia y de importantes debates que llevaron a precisiones muy útiles en cuanto a su denominación. Daremos cuenta de ello en un próximo artículo si los lectores de Caractére muestran interés por esta cuestión.

MAXIMILIEN VOX

Caractére, 7 jul 1954


CARACTERES DE IMPRENTA

En torno a la nueva clasificación francesa

Al presentar en su número de julio la «Clasificación Vox», Caractère invitaba a los lectores a exponer sus opiniones. A la espera de sus reacciones, no han dejado de producirse otras intervenciones que han colocado este tema, en principio un tanto especializado, en la actualidad internacional. Y por lo visto todo esto no es más que el principio.

Recordemos en primer lugar que el artículo en cuestión ?más que un estudio? era el resumen de una exposición del 26 de febrero de 1954 ante la Compañía de los jefes de Fabricación, la cual había manifestado su interés por el tema. Las presentaciones posteriores tuvieron lugar en el marco de unas conferencias en Estocolmo y en Barcelona, y en forma de tablas sinópticas en la Bienal de la Imprenta del Grand Palais. Tras la publicación en Caractère, lo esencial fue reproducido con ejemplos en las páginas de nuestra gran hermana, la revista semanal Printing World, en un artículo del eminente redactor jefe, James Moran. Al mismo tiempo la Escuela Estienne, a iniciativa de su director Robert Ranc, publicaba el texto bilingüe en un librito de tirada limitada. Finalmente, la Escuela de Lure dedicaba a dicha cuestión un espacio relevante en el programa del encuentro Retraite Graphique de Haute Provence, presidido por Jean Giono, que se celebró del 24 de agosto hasta el 5 de septiembre.*

Empezaremos por el balance de este encuentro, antes de dar cuenta del interesante debate franco?británico que actualmente está teniendo lugar en las columnas del Printing World.

La triple moción adoptada unánimemente por la Escuela de Lure en su sesión de clausura del 4 de septiembre dice lo siguiente:

(ladillo: Cabe también señalar, como última puntualización, que la revista ilustrada Point de Vue Images du Monde dedicó a la clasificación Vox una página ilustrada entera en su número del 23 de septiembre, con el título «Nueve palabras nuevas han nacido en Lure». Véase igualmente el Figaro Littéraire, el Parisien Liberé y toda la prensa regional.)

1. La Escuela de Lure se adhiere al programa de la grafía latina, en el sentido más universal de la palabra, entendida como el ideal espiritual más indicado para que el espíritu francés cumpla su función en la civilización del día de mañana.

2. La Escuela de Lure hace suya la «Nueva clasificación universal de los caracteres de imprenta» propuesta por Maximilien Vox y desea su adopción internacional.

3. La Escuela de Lure instituye una comisión encargada de preparar y entregar antes de diciembre un proyecto de estatuto orgánico de la profesión de artista tipógrafo para Francia.

De momento dejamos de lado los otros dos puntos, sobre los que volveremos más adelante, pero reproducimos a continuación el informe del portavoz, el Sr. Robert, sobre el proyecto:

«Tras una semana de estudio y de confrontaciones, se ha llegado a un acuerdo unánime sobre la modificación de la terminología, cuyas razones han sido seriamente sopesadas, en las que cada término ha sido estudiado en francés, en inglés y en alemán. Ésta es la clasificación en nueve categorías: manuales, humanas, garaldas, reales, didonas, mecanas, lineales, incisas y escriptas.
La clasificación de Maximilien Vox, adoptada, precisada y presentada por la Escuela de Lure será objeto en las próximas semanas de una publicación en la que se expondrán los motivos para la elección de las categorías que se han mantenido, así como la definición y la clasificación de los caracteres que permitirán que todos se beneficien de las ventajas de una clasificación adaptada a la evolución de la letra.»

En efecto, la nueva clasificación ha sido modificada, no en su principio sino en aspectos secundarios, y ciertamente ha sido mejorada mediante dos enmiendas:

1. La supresión de la categoría independiente de las «medievales» y su fusión con su análoga, la de las «manuales», que de este modo pasa a ser la primera de la lista.

2. La sustitución, para referirse a las ex?antiques, del término «simplices», considerado demasiado simple, por el de «lineales>, que fue adoptado definitivamente. Las largas discusiones sobre la palabra «mecanas» (ex?egipcias) acabaron con la aceptación de dicho término.

Subrayemos, además, que estos intercambios de puntos de vista sobre terminología ?sobre las propias nuevas palabras? no deben, por muy interesantes que parezcan, hacernos perder de vista lo más importante, que es la distribución de los caracteres existentes y usuales en categorías aplicables ?lo cual había dejado de ser factible con el sistema Thibaudeau.

La validez de este principio de clasificación no disminuiría (salvo en su pintoresquismo) si nos contentáramos con denominar a cada familia grupo primero, grupo segundo, grupo tercero, etc. La importancia de las nuevas denominaciones consiste en facilitar su memorización y las posibilidades de comunicación. Desde este punto de vista se han revelado eficaces.

Sin embargo, son precisamente los neologismos los que parecen centrar todo el peso del debate, muy liberal y muy comprensivo, que acaba de abrirse en Inglaterra sobre un tema que el público profesional del otro lado del Canal de la Mancha, al igual que en Estados Unidos, considera primordial. Edward Rondthaler, el promotor de Photolettering, escribe: «Les felicito y les deseo éxito. De lo contrario entraremos en la fotocomposición en plena confusión mental.»

Eminentes personalidades han abierto el debate en Londres. Con el alegre título de » ¿Vox populi? «, Kermeth Day analiza con esmero la propuesta francesa. Dice que surge a tiempo «porque el caos es inextricable en la terminología actual». Retorna nuestra nomenclatura término por término; somete cada uno de ellos a una crítica pertinente. Aprueba las didonas e incluso las garaldas. Remite las medievales a las manuales y desaprueba las simplices. Pero la aplicación general le parece reflejar una » heráldica dudosa » y expresa su preferencia por «un código lógico de términos descriptivos».

Geoffrey Dowding, a quien él se remite, es uno de los especialistas de la «terminología racional» y si sus esfuerzos hubieran concluido como se merecían, nuestra propuesta no habría sido necesaria. La considera como un fracaso (meritorio) y dice que «más que una cuestión de clasificar los caracteres mediocres (como el Cheltenham), se trata de enviarlos a la fundición.»

Walter Tracy, el director artístico de la Linotipia, no desaprueba el proyecto. Cree que tiene «un interés considerable… y un uso potencialmente universal», aunque considera difícil la trasposición de los términos al inglés. Le pide al autor que «aclare sus intenciones a este respecto».

Eso es lo que hemos hecho más arriba, proponiendo, si así se prefiere, una clasificación según un orden numérico puro y simple, lo que disiparía sin duda muchas de las objeciones británicas.

Los nombres son nuevamente los que producen una jovial indignación en una persona no menos importante como Sir Francis Meynell, el real supervisor de los bellos impresos de la coronación. «Indiscutiblemente útiles ?sonríe?, pero feamente vulgares», aunque el método en sí le parece «un importante paso hacia delante».

Deseamos la intervención de autoridades internacionales como Stanley Morison, el Dr. Ovink, Bror Zachrisson, Butti, Diethelm, y de las voces francesas que no se vieron representadas en Lure.

Solo una crítica nos ha afectado personalmente. Habíamos escrito que «el juego es fascinante» lo que ha servido de pretexto para acusarnos de no sé qué frivolidad. Pero si la vida es «un juego ?como dice Voltaireque hay que jugar hasta el último instante», ¿acaso la tipografía no entra precisamente en la aplicación de la más bella locución de la lengua inglesa, «jugar el juego ?to play the game»?

Como bien dijo mi buen maestro G. K. Chesterton, «Se puede ser serio y alegre y se puede ser grave y fútil.»

MAXIMILIEN VOX

Caractére, 11 novembre 1954

(* Encyclopaedia of Type Faces, Berry, W. Turner y A.E Johnson Blanelford Press, Inglaterra, 1953.)

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